Un equilibrio invisible.

por Alberto S. Arenales     04/ 05/ 2008

Existe un nexo especial, invisible con todos los miembros de nuestra familia y aunque los conozcamos o no, los aceptemos o los despreciemos, tienen una influencia muy importante sobre nosotros. Ni siquiera es necesario que hayamos oído nunca hablar de ellos. Cada uno de los miembros de nuestra familia comparte con nosotros y con el resto un equilibrio comparable a las esculturas colgantes y móviles del artista contemporáneo "Calder".



Estas esculturas se caracterizan por sostenerse en el aire gracias al sutil equilibrio en que están dispuestas cada una de sus partes. El mínimo contacto que una fuerza exterior pueda ejercer sobre una de estas esculturas hace tambalear todo el conjunto haciéndolo oscilar hasta que su propio equilibrio se restablezca. No hace falta añadir que intentar quitar una de estas partes supondría romper su equilibrio y echar abajo todo el conjunto.

Cada una de estas piezas independientes aunque unidas en cierto equilibrio con las otras pueden compararse a cada uno de los integrantes de nuestro árbol genealógico. Visto de esta manera es fácil poder reconocer y ver nuestra familia como un sistema en equilibrio que comparte ciertas reglas que nos atraviesan, nos atañen y, hasta cierto punto, nos dirigen. Tomando el ejemplo anterior, cuando se desequilibra una de las partes se produce una reacción que afecta al resto del conjunto. Por lo tanto es importante tomar conciencia de la influencia de nuestro árbol genealógico ya que cada generación nueva que pertenezca a este sistema va a adecuarse al equilibrio ya establecido anteriormente.

Todos los asuntos no resueltos por los miembros de la familia no desaparecen como por arte de magia. Van a interferir de un modo u otro en el conjunto. Y como si de un tema pendiente se tratara,  van a seguir latentes hasta que se resuelvan. Para poder ser resueltos, muchas veces planean como un fantasma o pesan como una carga en el sistema familiar en espera de que, quizás, algún otro miembro se ocupe y se haga cargo de él, con el fin de restablecer de nuevo equilibrio.

Estos temas pendientes o no resueltos generalmente pertenecen a sentimientos que nunca pudieron ser expresados, a familiares que injustamente fueron excluidos por algún motivo o culpas que alguien carga sin saberlo sobre sí mismo. Aquello que no ha sido resuelto en una generación, quedará a cargo de las siguientes que retomarán a veces  esas vivencias, sentimientos o destinos.

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