LOS PADRES, La generación creativa.



por  
Alberto S. Arenales.
23/ 11/ 2009
   
Los padres, más allá de cualquier otra cosa, son sobre todo nuestros creadores. El misterio de la vida se manifiesta en nosotros a través de ellos. Mediante su unión hacen posible el fruto que somos. Nuestros padres son quienes nos dan la vida a través de la sexualidad y por lo tanto no es de extrañar que la fuerza erótica sea un patrimonio que heredamos de nuestros padres. La sexualidad y el deseo es el vinculo más poderoso que nos une a ellos en contraste con del resto de nuestro árbol genealógico. La energía erótica se despliega como parte del proceso de desarrollo de cualquier persona durante la infancia  y va a ser liberada en el escenario familiar más cercano que acostumbra a ser el de los padres. Por lo tanto son los arquetipos paterno y materno que influirán con más fuerza sobre la creatividad y la libido de los hijos.
La sexualidad esta íntimamente ligada a diversas estructuras emocionales que no son siempre conscientes y fue ya el concepto freudiano del triángulo edípico, también llamado romance familiar, el que ejemplificó el interés sexual del niño por uno  de los progenitores. Aunque en realidad, los sentimientos edípicos no son, después de todo, "sexuales" en el sentido adulto de la palabra, sino que están más relacionados con una fusión emocional. Esta fusión que podríamos denominar de "enamoramiento" o de atracción hacia uno de los padres tiene como finalidad encender la chispa de un fuego que más tarde nos impulsará a buscar y elegir, fuera del clan familiar, una pareja, y establecer vínculos afectivos y sexuales satisfactorios. De cierta manera es como si nuestros padres fueran los portadores de la antorcha del deseo y nos pasaran la llama a nosotros para poder así disfrutarla y compartirla más adelante con quien queramos.

Somos el fruto de una pareja y esta antorcha misteriosa del deseo que recibimos es la unión de dos fuegos que vienen de arboles genealógicos distintos, el de nuestra madre y el de nuestro padre. En un encuentro amoroso, no solo intervienen dos personas, en realidad es la unión de dos familias. La medida en la cual nuestros padres nos transmiten el poder de la sexualidad, la capacidad de disfrutarlo y el permiso de elegir con quien compartirlo dependerá de la influencia que ejerce todo nuestro árbol genealógico.

Los arquetipos masculino y femenino que encarnan nuestros padres reflejan el principio de unión que representan las dos ramas de nuestro árbol genealógico. Somos fruto de esa unión y si se devalúa, menosprecia o ignora a uno de los padres hay una parte en nosotros que siente que no es valida. En realidad necesitamos querer y ser queridos por papá y mamá. La vida es un bien íntimamente unido al sexo y esta fuerza generadora une en los  padres los dos grandes principios universales: masculino y femenino, dualidad activa y receptiva, yin yang,  que tiene como finalidad más grande la creación. Somos la creación de nuestros padres, el fruto de su sexualidad. Poder percibir en nosotros esa dimensión, más allá de su personalidad y su presencia física, nos ayuda a integrar este potencial de forma beneficiosa.

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