LOS ABUELOS, La generación afectiva.


por  Alberto S. Arenales.    19/ 12/ 2009


Nuestros bisabuelos, en general, los sentimos muy lejos de nosotros. Sin embargo los abuelos los hemos tenido más cerca, ha sido más fácil tener contacto con ellos. El lugar que ocupan es diferente al de los padres y para nosotros sus nietos, su figura representará valores distintos que los de nuestros padres o hermanos. Los abuelos no tienen la responsabilidad de educar ni de llevar adelante la vida de los pequeños, de eso ya se ocupan los padres. Más bien su tarea se centra, en el mejor de los casos, en la de cuidar. El cuidar, íntimamente relacionado con el interés y esmero de asistir y proteger con buen amor al prójimo de forma desinteresada, es el atributo más virtuoso de un abuelo o abuela en nuestros tiempos.

Ellos pueden dispensar a sus nietos la tolerancia y la indulgencia que pierden unos padres delante de la gran responsabilidad de tener bajo su tutela un hijo. Si no ha sucedido algo grave o desestabilizador, vemos que la relación entre nietos y abuelos es de una calidad distinta a la que se establece con los padres. Muchas veces hay una estrecha complicidad y alianza entre nietos y abuelos y es, en general, a través suyo que se refleja una forma de amar muy distinta de las que nos conceden los padres. Si se les ha dado un buen lugar, la imagen arquetípica bondadosa que encarnan en la familia los abuelos, fomenta una mejor disposición para cultivar mejores valores en nosotros. Los abuelos reflejan la experiencia, el espíritu y la virtud del corazón, un amor cultivado y maduro capaz de mostrarse atento y a la vez sereno ante los nietos.
Los abuelos son los padres de nuestros padres y la relación que se establece entre ellos nos afecta enormemente. El vínculo existente entre nuestros padres y abuelos influenciará la percepción que tengamos de lo que significa ser padres. El escenario en el que se desenvuelvan estos lazos va a determinar la capacidad de nuestro árbol genealógico para permitir que los hijos se conviertan en seres maduros, adultos e independientes o perpetuar actitudes infantiles o dependientes.

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