Lealtades familiares invisibles.

por Alberto S. Arenales    13/01/2009 

Las personas somos seres vinculares que necesitamos pertenecer a algún lugar donde sentirnos queridos, acogidos y cuidados. Sin duda el mayor vínculo lo establecemos con nuestra familia. Ese es el primer lugar donde hemos recibido atención, protección, cuidado, alimento. Tenemos un instinto de pertenencia a la familia que prevalece, aunque no nos percatemos, por encima de muchas otras cosas. Instintivamente nos incluimos, nos adaptamos, hacemos nuestra su manera de vivir, de hablar, de comportarse. 

Allí aprendemos a establecer vínculos, a relacionarnos, compartimos experiencias. Nos fidelizamos también a una historia, unos lazos y estilos de vida que aunque nos limiten o nos hagan sufrir reproducimos para sentir que pertenecemos. Somos fieles a las reglas de nuestro clan aunque nos conduzcan a la insatisfacción, la ruina o la muerte. Pertenecemos a ella y de forma instintiva, sentirse no pertenecer o saberse expulsado supondría nuestra desaparición, nuestro fin. En el reino animal este impulso queda más claro. El hecho de alejarse de la manada supone el peligro de ser devorado por otro animal y desaparecer. Ese es un riesgo demasiado grande para no seguir la voluntad y el designio del grupo. Pervive también en nosotros la prohibición visceral de traicionar o desobedecer a nuestra tribu, a los nuestros, el clan, la familia que nos acogió y se ocupó de nosotros. Lo paradójico es que a veces desobedeciendo o traicionando es que nos hacemos felices o prósperos.

Los vínculos con la propia familia van mucho más allá de lo que normalmente somos concientes y la mayor parte de las veces no nos percatamos de su alcance. Estamos influidos por un conjunto de contenidos inconcientes que nos unifican y solidarizan con los nuestros. Algunos son de carácter benéfico y su alcance y efecto son necesarios y útiles protectores de nuestra salud y bienestar. De forma inconciente algunas personas se mantienen también leales a limitaciones y desordenes de su clan familiar. asumen roles que no les pertenecen, implicándose en asuntos que no le conciernen, siguiendo destinos o cargando dolores y culpas que no les pertenecen. Siguen ciegamente lealtades familiares invisibles.

Hay personas que quieren desligarse y separarse de su familia. Se rebelan contra su modo de pensar o de hacer, de vivir creyendo liberarse así de lo que según ellos les aprisiona o no les deja ser ellos mismos. Se comportan o adoptan actitudes que aparentemente pueden parecer contrarias o muy distintas a las de sus padres y sin embargo siguen secretamente ligados a ellos por oposición. Por rebeldía  se convierten en exactamente lo contrario que sus padres en vez de ser ellos mismos. A veces nos encontramos que un hijo se rebela contra sus padres oponiéndose sin saberlo de un modo parecido al que sus padres hicieron con los suyos. Sigue siendo entonces una manera de permanecer leal a un modo de proceder que, lejos de ser liberador, constituye un patrón que se repite por varias generaciones.

Detectar cuales son las implicaciones familiares que nos influyen es importante pero no siempre es suficiente. Nosotros también hemos contribuido para que así sea. Darse cuenta y transformar aquellas actitudes y comportamientos propios que han ayudado a mantener esa situación, forma parte del trabajo que hay que hacer.


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