La transmisión psicogenealógica.

por Alberto S. Arenales     22/ 09/2008.

Toda persona esta adscrita a un origen, a un linaje, una herencia, una transmisión. Uno hereda de sus antepasados conocidos o no cierta fisionomía, un color de ojos, un determinado tipo de cabello, un tono de piel e incluso cierta sensibilidad para algunas artes como la música, la poesía, el canto, o la habilidad o disposición para los deportes, manualidades u oficios. Del mismo modo podemos heredar la angustia de nuestra madre o nuestro padre, manifestar sentimientos de culpa, rabia, enfado o sentir la injusticia sufrida por otros miembros de nuestra familia al que estamos de algún modo íntima e invisiblemente ligados. 

Una mirada distinta hacia los eventos familiares y el contexto psico - histórico al que pertenecemos nos permite comprender mejor la naturaleza de nuestros sentimientos, de nuestra historia individual y familiar. Esta nueva perspectiva esclarece las repeticiones familiares y contribuye a contextualizar las dificultades, dramas, accidentes y enfermedades que se transmiten de generación en generación.


Nos encontramos con dos tipos de transmisión. Una es visible y la otra permanece mas bien oculta. Existe una transmisión visible entre generaciones que más o menos todos conocemos y reconocemos. Es una transmisión fruto del contacto, de la relación que mantenemos entre los miembros de la familia. Es aquel que es conocido y transmitido generalmente a través de la palabra y que nos lega un idioma, una forma de relacionarnos, una historia… todos, unos códigos reconocibles para nosotros y nuestra familia ya sea compartiendo unos valores, unas creencias, cultura, preferencias o gustos particulares. Esta transmisión indistintamente nos guste o no, la podemos reconocer, es clara y está a la vista de cualquiera.

Por otro lado existe una herencia, una transmisión que permanece silenciada, oculta, mantenida en secreto, no dicha, inpronunciada, a veces incluso impensada (no pensada) y que corresponde a hechos infelices, normalmente traumatizantes o vividos con vergüenza, duelos no resueltos, resentimientos, sufrimientos y pesares que no han sido del todo digeridos, ni elaborados. Cuando ciertos asuntos no han quedado bien zanjados, las generaciones siguientes parecen inconcientemente encargarse de ellos y sufrirlos también de algún modo. Esos malestares fueron enterrados y olvidados, pero permanecen latentes y activos y resurgen manifestándose en las siguientes generaciones esperando ser reconocidos, liberados y resueltos del todo como para poder "descansar en paz" y desaparecer.


Reconocer y dar un buen lugar a estos asuntos ocultos del pasado es necesario para apaciguar aquellos efectos que a día de hoy aún nos influyen. A veces no es fácil y al salir a la luz parte de ese pasado, nos vemos arrastrados por el enfado, la impotencia, la rabia o la vergüenza. Atender estos sentimientos y aprender a gestionarlos será vital en nuestro trabajo psicogenealógico. Aceptar lo que me pasa en el presente es el primer paso para reparar el pasado.

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