El universo inconciente dentro del tiempo y el espacio genealógicos.

por Alberto S. Arenales.    08/ 06/ 2009 
                        

En la naturaleza el tiempo y el espacio tal como nosotros lo entendemos no existen. Regularlos, medirlos y tratar de acotarlos es un invento humano. Para nuestra dimensión inconciente, el tiempo y el espacio no existen. El árbol genealógico, si tomamos el espacio como punto de partida, es en este sentido un sistema irracional que funciona como un todo. No distingue entre sus integrantes, es decir que no distingue entre una generación y otra, todas son una. No existe un espacio diferenciado entre ellas, en nuestro interior, en nuestro universo psíquico profundo cohabitan y existen a la vez nuestra tía, nuestro padre, el bisabuelo, la hermana y toda la familia unida.

Del mismo modo el tiempo tampoco rige en absoluto la dimensión inconciente de nuestra genealogía. Para ésta el pasado, el presente y el futuro no tienen ningún sentido. No hay ninguna diferencia entre lo que sucede en las distintas generaciones. El tiempo tal como nosotros lo concebimos, mesurable y diferencial, desaparece en un solo tiempo presente. El pasado genealógico que nos precede se funde con el presente sin hacer distinción entre las generaciones de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, etc… Las dificultades no resueltas en generaciones pasadas perviven en la nuestra del mismo modo que las virtudes y habilidades adquiridas tiempo atrás. En este sentido, solo existe un cuerpo y tiempo generacional unido e indiferenciado. Cada uno es a la vez toda su familia. En otras palabras, si para nuestra dimensión inconciente el tiempo y el espacio no existen entonces no hay diferencia entre una generación y la siguiente.

La parte positiva y beneficiosa de esta indiferenciación es inmensa ya que gracias a ella de padres a hijos transita cierta información profunda que va más allá de lo meramente racional y comparte recursos y habilidades que se han ido transfiriendo de generación en generación. Al estar de este modo interconectados, somos herederos de un enorme caudal de aprendizajes. Los vínculos y roles que aportan estabilidad, salud y fuerza al árbol genealógico se afianzan e integran a cada generación, perpetuándolos con el fin de evolucionar y crecer. En las sagradas escrituras ya se hace eco de algo parecido cuando nos sugiere en el Deuteronomio que castigará la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación aunque el bien dispensado será bendecido a lo largo de mil generaciones.

El árbol genealógico del mismo modo que todo ser vivo, que todo organismo, se regula y equilibra constantemente. Cualquier persona ante una contrariedad o tropiezo en la vida intentará ponerle remedio, buscara soluciones y procurará salir del bache lo mejor posible. El inconciente familiar ante las dificultades opera del mismo modo, intentará por todos los medios solucionarlas, ponerle remedio, corregirlas. Ahora bien, si como decía antes, para el inconciente familiar el espacio y el tiempo no existen, nos encontramos con que los conflictos no resueltos en una generación son asumidos por las generaciones siguientes que las sienten como propias, ocupando la misión de solucionarlas.

Es importante destacar aquí no sólo que la generación que se encarga de los temas pendientes no cae en la cuenta que estos pertenecen a una generación precedente ocupándose de los conflictos del pasado sin saberlo, sino también que muchas de las veces sigue utilizando las mismas vías de solución que fueron puestas en práctica en el pretérito. Esto se convierte en un dilema porque en realidad, esas soluciones ya no son efectivas y el intento de repararlas se convierte entonces en obstáculo. De aquí cabe subrayar que los conflictos del presente no son más que soluciones fallidas o interrumpidas en el pasado. Soluciones caducas que aunque no funcionan son portadoras de una intención y función positiva y reparadora.

Por ejemplo una actitud limitadora como podría ser el miedo irracional a las alturas tiene como función positiva y benéfica el proteger a la persona de caerse y hacerse daño. En tal caso, en el contexto psicogenealógico en el que estamos, si no se encuentra justificación a este miedo en la biografía de esa persona, cabe la posibilidad de preguntarnos si esta reacción, aparentemente irracional y sin fundamento, encuentre su sentido en la vivencia traumática de un antepasado: este mismo o uno de sus seres queridos murió al caerse de un octavo piso. Es decir que el intento de solución de una generación pasada ante un conflicto (en este caso alejarse de las alturas), ahora siguen actuando fuera de su contexto creando dificultades en vez de alivio.

Descubrir su verdadero origen, la intención positiva y la función protectora que ocultan las dificultades que a día de hoy se presentan repetidamente de generación en generación es fundamental para disolverlas. Existen roles que se suceden de generación en generación para perpetuar cierta estabilidad y bienestar y otros que se repiten para intentar reparar y dar solución a conflictos irresueltos. Muchos de estos intentos de solución fallidos desencadenan angustias, limitaciones, miedos irracionales, traumas, fracasos e incluso enfermedades que pueden considerase roles heredados y que de una generación a otra ocupan dentro de las familias un cierto propósito que cumplir. Como apuntábamos antes, generalmente este propósito tiene como finalidad resolver alguna dificultad o conflicto que ya estaba latente en generaciones anteriores. Descubrir cual es la intención positiva de todo conflicto que nos limita es la llave para poder disolverlo.

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