Consejos prácticos que ayudan en Psicogenealogía.

por Alberto S. Arenales    24/04/2009

Estas son algunas de las sugerencias que son recomendables tener en cuenta al inicio de las sesiones terapéuticas que conduzco. Tenerlas presentes y ponerlas en práctica facilitan y favorecen el cambio, ayudando enormemente a avanzar en la resolución de conflictos y lograr finalmente la reconciliación y la sanación ya sea a nivel personal o psicogenealógico.



1.   No estancarse en la búsqueda del porqué.

Muchas personas acuden a mi consulta con la pregunta
¿Por qué? Es decir queriendo descubrir el porqué de su malestar. Está muy extendida la falsa creencia de que descubriendo la causa el malestar desaparece. Una manera de enredarse y no salir del sufrimiento, es justamente querer hallar explicaciones, buscando solo el porqué de lo que nos sucede. De esta manera lo único que se logra es encontrar culpables y justificaciones. El resultado es nefasto ya que eso nos ata más a nuestras dificultades y nos mantiene en una posición victimista. Averiguar causas y razones, solo conduce a perderse alrededor de interpretaciones y justificaciones que muchas veces no son más que hipótesis provisionales, teorías que alimentan el problema y nos alejan de la solución.

Saber no basta para cambiar. El descubrimiento de las causas no siempre permite modificar nuestra realidad. Es más, como nos advertía el famoso psicoanalista Lacan: "la interpretación nutre al síntoma". Por ejemplo, afirmar que mi madre fue "castradora" puede suponer mantener o reforzar mi sentimiento de impotencia. Darse cuenta de cual es la piedra que me impide avanzar en el camino es ya un paso importante pero dar vueltas alrededor suyo analizándola, intentando descubrir el porqué de su naturaleza  hace que no avancemos hacia ningún lugar. Concluyendo, como Sartre dijo: "lo importante no es lo que han hecho de mi, si no lo que hago con lo que han hecho de mi".



2.   Atreverse a cambiar.

Cambiar significa ponerse en acción, tomar las riendas de uno mismo, moverse hacia algún lugar distinto. Supone involucrarse, tomar partido. Sin embargo muchas personas acuden a las sesiones terapéuticas con la misma actitud de quien va a cortarse el pelo a la peluquería.  Se sientan y comentan sus dificultades para acabar diciendo: "Quítamelo! " o bien "me pasa esto y no me gusta sabes, ¿puedes hacerte tu cargo?" Por supuesto estas personas confunden lograr el cambio con recibirlo. Esperan que igual que el peluquero les arregla el pelo, el terapeuta les arregle el problema.

Esta postura claramente infantil resulta ineficaz e improductiva si queremos lograr alguna mejora ya que de este modo toda responsabilidad recae únicamente en el ayudador situándolo en el lugar de padre–instructor–guru y dejando al otro en la situación de niño–alumno–adepto. Desgraciadamente muchos terapeutas adoptan y difunden este tipo de relación alcanzando una creciente popularidad en medio de una sociedad cada vez más dependiente e infantil. Quien realmente necesita ayuda no puede conformarse con tratar sus dificultades pasivamente como si fuesen algo ajeno a si mismos dejando que sean otros quienes se ocupen. Esta recurrida actitud solo crea infantilismo y dependencia. Conseguir realmente logros consiste en comprometerse con uno mismo, responsabilizarse y transformar la situación con la ayuda del profesional, no dejándolo todo en sus manos y recetas.

3.   Deshacerse de la queja y la crítica.

Otras veces acuden a mi personas que parecen preferir mantenerse en el problema que encontrar alivio y remedio. Allí donde predomina la queja y la crítica todo intento de cambio resulta estéril. Envueltas en sus quejas y críticas las personas se posicionan mirando el problema y estancándose en él. Al incrementar la protesta inicial, se alejan cada vez más del camino de la solución. Ver la paja en el ojo ajeno es fácil y además nos disculpa y nos ahorra el trabajo de caminar hacia la resolución de nuestras dificultades. Por ejemplo, reprochar a nuestro padre que estuvo ausente no tiene ninguna utilidad, más bien reafirma y remarca lo que falta, además de llevar inevitablemente a la frustración. Bien mirados la queja, la crítica y el rechazo no son más que justificaciones y coartadas que seguimos contándonos para continuar lamentándonos indefensos y resentidos ante unos hechos que ya no podemos cambiar. Aceptar el pasado tal como fue nos ayuda a afrontarlo con valentía, reconciliarnos con él y avanzar logrando cambios en el presente. En definitiva hacer buenas migas con el pasado nos nutre y fortalece para vivir el presente y abonarlo con alegría y aceptación.



4.   Evitar las hipótesis y los juicios de valor.

 También hay personas que acuden a la consulta desplegando una minuciosa y detallada tesis de su historia familiar esperando que yo les aclare, confirme o desmienta sus hipótesis. La introducción y amplia difusión del psicoanálisis en nuestra cultura ha llevado a mucha gente a tomar por verdadera la falsa y extendida creencia de que comprendiendo que le sucede a uno o de donde viene su sufrimiento este desaparece. La triste consecuencia de este malentendido es que uno en vez de encontrar la solución solo se queda en la descripción. Ahora bien, toda descripción es siempre parcial y subjetiva, esta construida sobre un andamiaje de creencias y suposiciones que pueden fácilmente llevarnos a la confusión y el error.

Nos percibimos siempre parcialmente, nunca en nuestra totalidad. 
Sea nuestra persona o el propio árbol genealógico en el que estamos inmersos, querer descifrarlo se convierte en una tarea igual de ineficaz como voltear la cabeza para vernos la espalda. Nuestra vista nunca la alcanza. Además, como apuntaba antes toda descripción esta teñida siempre por supuestos que más que encajar con la realidad se amoldan al propio sistema de creencias y figuraciones de cada uno que precisamente es lo que muchas veces cimienta y sostiene las dificultades. Cuando Sócrates es nombrado por el oráculo de Delfos el más sabio de entre todos los hombres termina diciendo: "solo sé que nada sé".Esta famosa frase encierra la paradoja de que justamente librándonos de teorías y supuestos logramos aclarar nuestra mente y conocer la verdad.


5.   Definir lo que se quiere conseguir.

Lo primero que pregunto al empezar un trabajo terapéutico es cual sería un buen resultado para la persona una vez terminado. A menudo la respuesta es siempre igual de imprecisa: ser feliz, disfrutar más, no sufrir, etcétera. En realidad todos deseamos lo mismo sin embargo una respuesta como las anteriores no va muy lejos, no dice nada, es imprecisa. Es necesario tener bien fijada una dirección, si no extraviarse es fácil. Tener en claro que es lo que queremos conseguir concretamente y de forma explícita ayuda enormemente a encontrar la mejor solución. Frecuentemente, por ejemplo, vienen a consultarme mujeres que dicen querer mejorar su relación con los hombres. Al preguntarles que conseguirían con eso, en muchas ocasiones no tienen claro que responder. Primero es necesario un propósito concreto que lleve a algún lugar. Obviamente lo que nos gustaría conseguir de la relación con un amante, un padre, jefe o amigo es francamente bien distinto. Tener la mirada bien puesta y enfocada hacia el resultado que queremos facilita su alcance.   

Para concluir acabaré diciendo algo relativo al termino de la sesión. Una vez finalizada es recomendable dejar sedimentar la experiencia, reposar nuestra mente y descansar sin sacar conclusiones apresuradas o ponernos a actuar precipitadamente. Debemos actuar como lo haríamos ante una semilla recién plantada que resta recogida en la soledad de la tierra para germinar y dar frutos al cabo de un tiempo. 


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