El árbol genealógico, cartografía de nuestra familia interior.

por Alberto S. Arenales       3/1/2010

La Psicogenealogía es un arte que se sirve del árbol genealógico como si de un mapa del tesoro se tratara. Gracias a este mapa podemos guiarnos en este terapéutico viaje que nos ayuda a encontrar solución a muchas de las dificultades personales que se originan en el seno de nuestro entorno familiar. Para resolverlas, como si fuésemos el héroe de uno de esos relatos de aventuras en busca del tesoro perdido, tendremos que mantener un rumbo, seguir pistas, resolver determinados enigmas y descifrar algunos secretos para acceder hasta el gran tesoro que nos aguarda al final del viaje.

Nuestro mapa del tesoro es el árbol genealógico y al igual que todos los mapas indican el territorio pero no son el territorio. De la misma manera que sucede en las novelas de aventuras, el mapa (nuestro árbol genealógico) es antiguo y el territorio ha ido cambiando con el pasar del tiempo. Ciertas partes del mapa estarán borrosas o desdibujadas, otras quizás quedarán confusas o incluso puede que nos falte algún pedazo del pergamino y será nuestra labor completarlo y reconstruirlo. Si el árbol genealógico ilustra el camino recorrido por  nuestra familia, sin embargo no es nuestra familia. Nuestra familia es un organismo vivo. Respira, siente, crece y se transforma continuamente, esta en perpetuo movimiento. El árbol genealógico no puede ser solamente interpretado hay que vivirlo. Dejárselo sentir, notarlo, percibirlo más allá de una dimensión ajena a nosotros mismos. Hay que ser prudente en su uso y no incurrir en el error de pensar que el mapa es el camino mismo. La realidad que muestra es siempre otra que la que se abre en cada momento ante nuestros ojos. Nuestro mapa, nuestro árbol genealógico nos ayuda a establecer ciertas coordenadas en el camino, puntos de referencia, guía y orientación. Pero confundirlo con el terreno que pisan nuestros pies, confundirlo con la danza siempre en movimiento de nuestra familia, tomar por cierto y a pies juntillas su leyenda haría naufragar sin duda nuestra empresa.

Tomaremos el historial del árbol genealógico sólo como punto de referencia, una guía, un mapa al que mirar de vez en cuando para situarnos, apuntar datos en él y contrastarlos en la travesía. Actuando como el viajero que sentado en la popa del navío mantiene sus ojos atentos al mar y solo de tanto en tanto levanta la cabeza al cielo; comprueba que la estrella polar sigue marcándole el rumbo en el camino para volver su alerta mirada al oceano que con su nave surca. Del mismo modo guardaremos a menudo y a buen recaudo nuestra genealogía y miraremos de frente lo que nos brinda en realidad nuestro paisaje personal y familiar en cada momento. No vaya a ser que, sedientos, nos pongamos a cavar un pozo en busca de agua cuando tenemos el botijo al lado. No seria la primera vez que me encuentro con alguien que atraído por la curiosidad, empujado por su hipocondría o deseoso de no tener que responsabilizarse de lo suyo, decide escarbar en el pasado en busca de supuestos males de los cuales él es el único responsable.

Es necesario saber distinguir entre dificultades o limitaciones propias de nuestra personalidad de aquellas que hunden sus raíces en el árbol genealógico. Por lo tanto si se desea iniciar un trabajo terapéutico en este sentido es muy importante acercarse a un navegante experimentado, ya que ante el auge actual del llamado crecimiento personal, hay cada vez un mayor número de personas que afirman estar supuestamente preparadas. Entonces, estos ante cualquier demanda o dificultad personal argumentan o persuaden, desde un principio, a sus consultantes que es en su árbol genealógico donde se esconde el problema. Este proceder es precipitado y a veces equivoco ya que presupone de antemano que el conflicto personal hunde exclusivamente sus causas en el árbol genealógico. Así de convencidos muchos inician entonces una búsqueda exhaustiva por toda la genealogía hasta persuadirse de que ciertos indicios o coincidencias encajan en sus hipótesis. Parten, pues de una suposición que fundamentan en algunos datos del árbol genealógico.

En cierta ocasión llegó a mi consulta una mujer que se quejaba de que le era muy difícil encontrar pareja. Antes de que pudiese hacerle pregunta alguna, desenfundo delante de mi su árbol genealógico y mientras me lo mostraba señalando con el índice algún dato que allí aparecía, pasó a informarme que le habían asegurado que la causa de su infortunio con los hombres residía en lo desdichada que había sido su abuela. Cuando, sin prestar mucha atención al árbol genealógico que me mostraba con tanta insistencia, le pregunté qué hacia ella para encontrar pareja, fue que entonces que por primera vez, levanto sus ojos  para mirarme. Se hizo un largo silencio y me contestó aturdida: - Nada. Más bien me escondo -. Centrarme en ayudar a esa persona a superar y enfrentar su miedo a ser rechazada fue esencial para que fluyesen sus relaciones de pareja. Si hubiese atendido a la historia de su abuela tal como a ella se la habían planteado seguiría seguramente igual y sin pareja. Tuve la oportunidad de comprobar más tarde que no existía ninguna conexión de esta naturaleza entre nieta y abuela y que la razón de su desdicha arraigaba más bien en otras cuestiones que salieron a la luz a lo largo de la consulta.

Hay que saber que procederá ingenua y equívocamente aquel que pretenda vislumbrar las luces y sombras del árbol genealógico basándose sólo por analogía. Para alguien así, por ejemplo, llevar el mismo nombre de un antepasado, compartir fecha de nacimiento, semejanza o diferencia de caracteres será prueba suficiente para afirmar que allí hay conexión y motivo suficiente para concluir que es allí donde reside la fuente de nuestros pesares. Recurriendo a formulas tan aventuradas nos presenta verdades tan poco útiles como la que asegura que los caballos y las almejas se parecen en que no se suben a los árboles.

Un trabajo terapéutico con el árbol genealógico es mucho más complejo que un juego de espejos o el pasatiempo de las siete diferencias. Tampoco es una lectura o análisis de su estructura. Entran en juego muchos otros aspectos relativos a la persona, sus propias vivencias, la manera que tiene de afrontarlas, su entorno… Es fácil terminar perdido por caminos estériles si quien nos asiste en nuestro propio proceso personal no esta lo suficientemente sensibilizado y atento a las sutiles circunstancias  que nos acompañan.


NOTA: © Todos los textos son propiedad de su autor.
Pueden ser difundidos previo aviso y citando siempre la fuente, web y el autor.


Alberto S. Arenales en PSYCHOLOGIES


NOTA: © Todos los textos son propiedad de su autor.
Pueden ser difundidos previo aviso y citando siempre la fuente, web y el autor.

La Psicogenealogía, una entrevista con Alberto S. Arenales.



Alberto, tu trabajo con el árbol genealógico en qué consiste?
¿Qué es la Psicogenealogía?

La Psicogenealogía  es para mí una arte terapéutica que al mirar con respeto nuestro  árbol genealógico nos desvela el hilo de Ariadna que nos une íntimamente a nuestra familia y nos conduce a la médula de nuestros conflictos para poder reconocerlos y resolverlos.

¿De qué manera nuestra familia influye en nuestros conflictos?


Desde que nacemos pertenecemos a una familia que tiene una historia, unas creencias, una forma de amar y de relacionarse únicas a veces tan complejas y enredadas como un laberinto.

Todo esto nos impregna y nuestros padres proyectan y crean en nosotros sin ser conscientes unas expectativas a las que nos vamos a adaptar simplemente para ser amados, para pertenecer a la familia al igual que nuestros padres hicieron con los suyos.

De este modo muchas veces para seguir siendo amados renunciamos a aquello que nos acerca a la realización y es cuando entramos en conflicto entre lo que realmente queremos y lo que se espera de nosotros.

¿Y qué se espera de nosotros ?

En realidad que seamos felices.
Lo que sucede es que normalmente venimos de una familia que no ha conocido la felicidad en su totalidad, no se han visto realizada en todos sus aspectos, entonces renunciamos nosotros también a ella o acabamos realizando deseos que no son nuestros.

¿Cómo va a afectar esto en nuestras vidas ?

Muy a menudo nuestros conflictos son el reflejo de la falta de realización de nuestra familia.
Esto nos impide realizarnos como nosotros queremos. Somos fieles y permanecemos encerrados en la torre que construimos con nuestra familia y como el Minotauro miramos desde allí con nostalgia un horizonte lleno de belleza pero que no nos permitimos alcanzar.

 ¿Y cómo es posíble ?

Por falta de conciencia. Muchas veces el deseo de conseguir aquello que nos proponemos es mayor  y salimos de esa torre en busca del amor, la prosperidad, la salud o el placer con la ilusión de conseguirlo.

Pero entonces el mapa que nos guía hacia la salida del laberinto es el mismo que heredaron nuestros padres de generación en generación y a menudo esta tan estropeado, es tan confuso o le faltan tantas partes que acabamos trazando sobre este el mismo u otro  recorrido tan equivocado como en el que, sin saberlo,  se  perdieron también nuestros ancestros.
Así volvemos de nuevo a lo conocido sin realizarnos. Tomar consciencia de las motivaciones y los caminos que tomaron nuestros antepasados nos revela cual es nuestra  vía de realización auténtica.

¿Estas diciendo que los problemas que tenemos son culpa de nuestra familia?

No. Nuestra familia no es culpable de nada, eso sería como culpabilizarnos a nosotros mismos. Cuando como Teseo vamos introduciéndonos en el laberinto de nuestro árbol genealógico nos damos cuenta que en realidad lo que hay es falta de conciencia.

¿Entonces, de qué tenemos que tomar conciencia?

La  mayor parte de los procesos terapéuticos se centran en una toma de conciencia de uno mismo,  de los mecanismos internos que perpetúan la rigidez  que no nos deja vernos a nosotros mismos ni a los demás. Ciertamente muy importante. Pero parte de mi trabajo con el árbol genealógico es acompañar a las personas a despertar a una conciencia mayor.

Una conciencia  transgeneracional. Ensanchar nuestra mirada más allá del  nosotros, traspasar las fronteras del tú y el yo  para poder entrar en una conciencia que contemple estos vínculos que aunque están más allá del espacio y el tiempo presente son muy poderosos y a la vez tremendamente sanadores cuando los descubrimos.

 ¿Cómo podemos encontrar la curación en nuestro árbol?

 Nuestro árbol genealógico se asemeja a los cuentos maravillosos que nos contaban las abuelas al amor de la lumbre. Estos cuentos tradicionales están  poblados por infinidad de paisajes, personajes y reinos extraños; a veces terribles, mágicos o hechizados y que conforman un universo propio.

El cuento somos nosotros mismos. En realidad  princesas, brujas, ogros, gigantes y reyes son partes que pertenecen a nosotros mismos. El cuento nos va a ayuda con su lenguaje onírico a  poder integrarlas, nos va conducir con su lenguaje al poder de transformación que reside en nosotros mismos.

Igual que en un cuento, nuestros familiares conforman en nosotros una historia y un paisaje psíquico y emocional del cual participamos, somos los héroes de un relato que pone en escena los aspectos profundos y esenciales de nuestra familia. Esta historia genealógica contiene unos personajes y una estructura propia semejante a un cuento pero que a menudo esta perdida, prohibida o desviada y nos mantiene hechizados sin poder liberarnos.
La curación consiste como en un cuento en despertar del encantamiento y transformar aquellos personajes que nos habitan de ogros y brujas a  príncipes y princesas.

Cuando hablas de tu trabajo, he oido la palabra "integrativo". ¿A qué te refieres? 

Nuestro árbol genealógico es un organismo vivo.
Respira, siente, crece y se transforma continuamente.
Tan antiguo y milenario que a veces no logramos reconocer ni la rama en la que descansamos. Tiene tantas y es tan frondoso que a veces estamos enredados en él y no distinguimos la copa de las raíces. Nuestro trabajo es recorrer este árbol, reconocerlo, integrarlo y nutrirnos de él.

Sigo sin comprender...

Una vez mientras paseaba por un jardín un pájaro cayó preso enredándose en unas zarzas. El jardinero que pasaba por allí quiso liberar al animal. Con sumo cuidado lo puso en libertad sin romper ni una sola rama y sin hacer daño al pajarillo.

Y con eso nos estás diciendo que...

He visto personas que trabajan en psicogenealogía y que se acercan con una mirada analista. No ven más allá de los datos que aporta la persona sin tomarla en cuenta ni a ella ni a su familia. Se dedican a destripar tu familia como si de un cadáver se tratase y además te dicen que son ellos los responsables de tu sufrimiento. En mi trabajo intento ser muy respetuoso con la persona que se acerca a mí y también con todo su árbol genealógico.

Pero...  ¿Y si sufro porque en la familia alguien se ha portado mal?

Pretender liberar al pajarillo podando las ramas es ser muy irrespetuoso con el entorno que te rodea. Es una barbaridad decirle a alguien que sus padres o alguien de su familia son los culpables de sus dificultades por que entonces siempre van a mirar al pasado con rencor.
Además no ayuda porque al final te genera una gran culpa. Hay que mirarlos con aprecio y eso no es posible sin pasar por una transformación y allí es donde entra el termino integrativo.

Explícanos esto de la transformación.

Todo lo que rechazo se vuelve en mi contra. Mi árbol también soy yo, despreciar a mi árbol es despreciarme a mí. Pretender no pertenecer o no respetarlo es tener la soberbia de una montaña. Para llegar a la verdadera transformación he de ser humilde.
No puedo despreciar las raíces que me sostienen porque sencillamente son mis raíces, no tengo otras, y estoy aquí gracias a ellas.

Pero a veces nuestra familia nos pide que obedezcamos, que hagamos cosas que a veces nosotros no queremos. ¿Cómo voy a ser tolerante con eso?

No hay que confundir amar a los padres con someterse a ellos.
Tú hablas de tolerancia. Hoy en día nos hablan de esta palabra como un valor, pero no es cierto. Nos han vendido gato por liebre y nos han cambiado la palabra respeto por tolerancia.  Tolerar es ser permisivo y yo no permito que me insulten sin embargo soy respetuoso con los que me insultan. Es distinto.

De acuerdo, pero los insultos duelen. ¿Qué hago con eso?

Reconocerlo ya es mucho. Aquí llegamos al primer paso para llegar a la humildad que es la conciencia. Darme cuenta de que es lo que pienso, siento y deseo y responsabilizarme de  ello. Este es el primer paso para la transformación. Muchas veces lo mas complicado es llegar a este punto.

¿Por qué es tan complicado?

Mi trabajo de transformación con el árbol genealógico va en dos direcciones. El de las raíces y el de las ramas. Una es tomar conciencia, reubicar, reubicarse y nutrirse de las raíces, aquí estoy hablando del árbol genealógico y la otra el trabajo de las ramas que es tomar conciencia  y nutrirse de uno mismo.
Muchas veces el trabajo con las ramas es un impedimento para tomar de las raíces y viceversa. El trabajo con las ramas pertenece al “Yo” como individuo que muchas veces aunque empezó alimentado por las raíces es capaz de ser independiente y autónomo.
Al trabajar en psicogenealogía  tenemos que diferenciar cuales fueron las causas y  las circunstancias de mi familia a las cuales obedezco y soy fiel y por otro lado cual ha sido mi forma de hacerlo y adaptarme a este entorno.

Parece que hay una distinción entre un yo individual y otro familiar.

Yo creo que van de de la mano. Como en un árbol hay una rama principal que es el tronco y esta después se ramifica en sus ramas, estas no solo dependen de las raíces depende también del entorno al que están expuestas y  van a adaptarse con pinchos o con hojas blandas dependiendo del exterior.
Mi adaptación al entorno es mi carácter, mi ego que se muestra en forma de múltiples mascaras y no depende exclusivamente de las raíces. Hay que tomar conciencia, trabajar  las raíces y las ramas para que nuestros frutos en la vida sean ricos y dulces.

¿Algo dulce para terminar esta entrevista tan rica?

Lo más dulce del mundo es compartir nuestras riquezas.

Grácias por compartir las tuyas con nosotros.

NOTA: © Todos los textos son propiedad de su autor.
Pueden ser difundidos previo aviso y citando siempre la fuente, web y el autor.

C.G. Jung y el árbol genealógico.

por Alberto S. Arenales. 10/ 12/ 2009


El trabajo del gran psicoanalista suizo Carl Gustav Jung, revoluciona la concepción del inconciente y del hombre. Jung, explora en profundidad las más recónditas grutas de la mente humana descubriendo que habita en nosotros un inconciente colectivo distinto al inconciente personal. Intuyendo la importancia del árbol genealógico en nuestra psique vuelca parte de su vida a entrar en contacto con esas fuerzas.

Sobre su propio árbol genealógico, Jung fue descubriendo ciertas resonancias que durante toda su vida enriquecieron su labor y ampliaron sus intuiciones sobre la importancia de los ancestros en la psique humana. La influencia de su abuelo, médico como él, del que heredó su nombre, unido a la leyenda de que también su abuelo fuera hijo natural de Goethe, quizás fue decisivo para reunir en Jung la tenacidad y esmero del científico y la creatividad y amplitud del poeta. Del mismo modo podríamos decir que la influencia de su padre,  párroco protestante, propició su interés y búsqueda en una sabiduría oculta detrás de las religiones.  Conjunción de virtudes  que seguramente le convirtieran en uno de los más vivaces descubridores del fondo del alma humana. Repasando algunos de sus escritos quisiera compartir seguidamente algunos fragmentos de su monumental y controvertida obra que versan acerca de la importancia del árbol genealógico.    


“Cuando trabajaba con el cuadro genealógico comprendí claramente la curiosa vinculación del destino que me une a los antepasados. Tengo la viva impresión de que estoy bajo la influencia  de cosas o interrogantes que quedaron sin respuesta para mis padres y abuelos. Muchas veces me pareció que en una familia existía un karma impersonal que se transmitía de padres a hijos. Me lo pareció siempre, como si hubiera de dar respuesta a cuestiones que se plantearon a mis antepasados, sin que ellos pudieran responderlas, o como si debiera terminar o proseguir cosas que el pasado dejo inconclusas.” […]

“Por lo tanto , la causa del desarreglo debe buscarse en tal caso no en el ámbito personal, sino más bien en la situación colectiva. Esta circunstancia la ha tenido muy poco en cuenta la psicoterapia hasta nuestros días. […] Tanto nuestra alma como nuestro cuerpo se componen de elementos que todos estuvieron ya presentes en la serie de antepasados. Lo "Nuevo" en el alma individual es la recombinación variada hasta el infinito de los ancestrales componentes, cuerpo y alma tienen por ello un carácter eminentemente histórico y no hallan en lo nuevo, en lo recién nacido la adecuada morada, es decir, los rasgos ancestrales se encuentran en el propio hogar sólo en parte.” […]

“Cuanto menos comprendamos lo que buscaron nuestros padres y antecesores, tanto menos nos comprendemos a nosotros mismos, y contribuimos con todas nuestras fuerzas a acrecentar la carencia de arraigo e instintos del individuo  de tal modo que sigue a "la fuerza de gravedad" sólo como partícula física.” […]

“Y así permanecemos en las tinieblas sin vislumbrar si el mundo de los antepasados participa con bienestar ancestral en nuestra vida, o a la inversa, si se aparta de ella con aversión. Nuestra tranquilidad y satisfacción internas dependen en gran medida de si la familia histórica, personificada por el individuo, concuerda o no con las condiciones efímeras de nuestro presente.” […]


Recuerdos, sueños, pensamientos. 1961

NOTA: © Todos los textos son propiedad de su autor.
Pueden ser difundidos previo aviso y citando siempre la fuente, web y el autor.

LOS BISABUELOS, La generación sabia.

por Alberto S. Arenales. 16/ 09/ 2009

Los bisabuelos son el horizonte más lejano que hemos podido conocer personalmente en nuestro árbol genealógico, y si hemos tenido la suerte de conocer alguno, forzosamente era muy anciano. Ciertamente nuestros bisabuelos pueden haber llegado a ser muy ancianos o haber muerto jóvenes, pero independientemente de la edad a la cual llegaron, la imagen interna que construimos automáticamente en nuestra mente es en general la de una persona de una edad muy avanzada. Nuestra mente viaja hacia un tiempo muy remoto y se acoge a la imagen o el arquetipo de ancianidad.

En la gran mayoría de las  culturas el anciano ha sido considerado el  puente de conexión con los ancestros y el poder divino. Se caracterizan por ser personas llenas de sabiduría capaces de resolver problemas o encontrar soluciones fruto de  la experiencia forjada durante largos años. Todos recordamos, gracias a las novelas, los documentales y el cine, la imagen del consejo de ancianos que decide los asuntos de la aldea y son respetados y venerados como receptáculos vivientes de un saber antiguo. Nuestro inconciente colectivo y por extensión nuestra cultura asocia la ancianidad a la sabiduría, el conocimiento y la tradición.

Los bisabuelos personifican ese saber ancestral de nuestro árbol genealógico. Allí donde duermen las leyendas y los mitos más antiguos. Gracias a ellos estamos unidos de generación en generación a las raíces más lejanas y profundas de nuestro origen y nuestra historia. Es una generación que pertenece al reino de la sabiduría y por definición a la del saber, el dominio y la virtud del pensamiento. La ancianidad, claramente asociada a nuestros antepasados representa pues el principio de sabiduría.

Nuestros bisabuelos han sido testigos de otra época, de un tiempo remoto que constituye la historia fundacional de nuestra familia. Son el terreno donde se sustentan los cimientos de nuestra propia ética y moral. Es la fuente que alimentó nuestras más arraigadas tradiciones, creencias y costumbres. La aportación de estas raíces es que nos sintamos unidos a la familia, a la humanidad, con sus luces y sus sombras. Por eso es importante reconocer, aceptar y tomar aquellos tesoros beneficiosos y útiles que nos ceden nuestros ancestros. Aunque no tenemos que olvidar revisar y renovar aquel patrimonio del pasado que, pudiendo ser limitante u obsoleto para nosotros, seguimos cargando por fidelidad.

NOTA: © Todos los textos son propiedad de su autor.
Pueden ser difundidos previo aviso y citando siempre la fuente, web y el autor.

LOS ABUELOS, La generación afectiva.


por  Alberto S. Arenales.    19/ 12/ 2009


Nuestros bisabuelos, en general, los sentimos muy lejos de nosotros. Sin embargo los abuelos los hemos tenido más cerca, ha sido más fácil tener contacto con ellos. El lugar que ocupan es diferente al de los padres y para nosotros sus nietos, su figura representará valores distintos que los de nuestros padres o hermanos. Los abuelos no tienen la responsabilidad de educar ni de llevar adelante la vida de los pequeños, de eso ya se ocupan los padres. Más bien su tarea se centra, en el mejor de los casos, en la de cuidar. El cuidar, íntimamente relacionado con el interés y esmero de asistir y proteger con buen amor al prójimo de forma desinteresada, es el atributo más virtuoso de un abuelo o abuela en nuestros tiempos.

Ellos pueden dispensar a sus nietos la tolerancia y la indulgencia que pierden unos padres delante de la gran responsabilidad de tener bajo su tutela un hijo. Si no ha sucedido algo grave o desestabilizador, vemos que la relación entre nietos y abuelos es de una calidad distinta a la que se establece con los padres. Muchas veces hay una estrecha complicidad y alianza entre nietos y abuelos y es, en general, a través suyo que se refleja una forma de amar muy distinta de las que nos conceden los padres. Si se les ha dado un buen lugar, la imagen arquetípica bondadosa que encarnan en la familia los abuelos, fomenta una mejor disposición para cultivar mejores valores en nosotros. Los abuelos reflejan la experiencia, el espíritu y la virtud del corazón, un amor cultivado y maduro capaz de mostrarse atento y a la vez sereno ante los nietos.
Los abuelos son los padres de nuestros padres y la relación que se establece entre ellos nos afecta enormemente. El vínculo existente entre nuestros padres y abuelos influenciará la percepción que tengamos de lo que significa ser padres. El escenario en el que se desenvuelvan estos lazos va a determinar la capacidad de nuestro árbol genealógico para permitir que los hijos se conviertan en seres maduros, adultos e independientes o perpetuar actitudes infantiles o dependientes.

NOTA: © Todos los textos son propiedad de su autor.
Pueden ser difundidos previo aviso y citando siempre la fuente, web y el autor.

LOS PADRES, La generación creativa.



por  
Alberto S. Arenales.
23/ 11/ 2009
   
Los padres, más allá de cualquier otra cosa, son sobre todo nuestros creadores. El misterio de la vida se manifiesta en nosotros a través de ellos. Mediante su unión hacen posible el fruto que somos. Nuestros padres son quienes nos dan la vida a través de la sexualidad y por lo tanto no es de extrañar que la fuerza erótica sea un patrimonio que heredamos de nuestros padres. La sexualidad y el deseo es el vinculo más poderoso que nos une a ellos en contraste con del resto de nuestro árbol genealógico. La energía erótica se despliega como parte del proceso de desarrollo de cualquier persona durante la infancia  y va a ser liberada en el escenario familiar más cercano que acostumbra a ser el de los padres. Por lo tanto son los arquetipos paterno y materno que influirán con más fuerza sobre la creatividad y la libido de los hijos.
La sexualidad esta íntimamente ligada a diversas estructuras emocionales que no son siempre conscientes y fue ya el concepto freudiano del triángulo edípico, también llamado romance familiar, el que ejemplificó el interés sexual del niño por uno  de los progenitores. Aunque en realidad, los sentimientos edípicos no son, después de todo, "sexuales" en el sentido adulto de la palabra, sino que están más relacionados con una fusión emocional. Esta fusión que podríamos denominar de "enamoramiento" o de atracción hacia uno de los padres tiene como finalidad encender la chispa de un fuego que más tarde nos impulsará a buscar y elegir, fuera del clan familiar, una pareja, y establecer vínculos afectivos y sexuales satisfactorios. De cierta manera es como si nuestros padres fueran los portadores de la antorcha del deseo y nos pasaran la llama a nosotros para poder así disfrutarla y compartirla más adelante con quien queramos.

Somos el fruto de una pareja y esta antorcha misteriosa del deseo que recibimos es la unión de dos fuegos que vienen de arboles genealógicos distintos, el de nuestra madre y el de nuestro padre. En un encuentro amoroso, no solo intervienen dos personas, en realidad es la unión de dos familias. La medida en la cual nuestros padres nos transmiten el poder de la sexualidad, la capacidad de disfrutarlo y el permiso de elegir con quien compartirlo dependerá de la influencia que ejerce todo nuestro árbol genealógico.

Los arquetipos masculino y femenino que encarnan nuestros padres reflejan el principio de unión que representan las dos ramas de nuestro árbol genealógico. Somos fruto de esa unión y si se devalúa, menosprecia o ignora a uno de los padres hay una parte en nosotros que siente que no es valida. En realidad necesitamos querer y ser queridos por papá y mamá. La vida es un bien íntimamente unido al sexo y esta fuerza generadora une en los  padres los dos grandes principios universales: masculino y femenino, dualidad activa y receptiva, yin yang,  que tiene como finalidad más grande la creación. Somos la creación de nuestros padres, el fruto de su sexualidad. Poder percibir en nosotros esa dimensión, más allá de su personalidad y su presencia física, nos ayuda a integrar este potencial de forma beneficiosa.

NOTA: © Todos los textos son propiedad de su autor.
Pueden ser difundidos previo aviso y citando siempre la fuente, web y el autor.

LOS HERMANOS: un lugar para compartir.

por Alberto S. Arenales.   16/ 09/ 2009

La relación fraternal comparte una misma generación y una misma posición en nuestro árbol genealógico.  La hermandad nos otorga en el seno de la familia  un lugar propio, nuestro sitio, un espacio concreto en el que establecer nuestra relación con el territorio. Seamos únicos, primeros, segundos, terceros o séptimos el lugar que nos es concedido será significativo a la hora de aprender a ocupar, compartir y gestionar un territorio alrededor nuestro. Y eso no solo es válido en relación con los demás, si no también con el lugar que me concedo yo a mi mismo; es decir la facultad para establecer un mayor o menor contacto con mis  propias necesidades y mi propio cuerpo.

Es en el entorno de la hermandad que se establece un primer campo de juego donde colaborar, estrechar lazos de amistad, cooperación, solidaridad y ayuda. La riqueza que surja de esta colaboración entre hermanos tiene como finalidad favorecer la concordia y la armonía con el resto del mundo más adelante. Entre hermanos se encuentra pues la primera ocasión para formar equipo, ubicarse en un núcleo social y por analogía también nuestro lugar en la sociedad.

Es entre hermanos que se reparte la herencia de nuestro árbol genealógico en el sentido más amplio del termino: biológico, amoroso y financiero. A veces la preferencia  por un hijo determinado, por el lugar que ocupa en el corazón de la familia o por los "privilegios" que se le conceden a un hijo por ser único, segundo, quinto o por pertenecer a uno u otro sexo genera muchas dificultades y conflictos personales que suelen ser el reflejo de cargas y asuntos pendientes de generaciones anteriores. Según los casos  los hijos se ocuparán en mayor o menor medida de este patrimonio. Cada familia es distinta y cada persona merece ser contemplada de forma exclusiva y particular ya que en una misma fratría cada hermano tendrá una relación única con su árbol genealógico y completamente diferente de la de sus hermanos.
Pertenecer a nuestro árbol genealógico.

Toda persona tiene el derecho de sentirse pertenecer, de saber que forma parte de los suyos, de verse en su interior apoyado y acompañado en todo momento por la fuerza de la vida. Nosotros fuimos acogidos por la vida gracias a nuestros padres. Ellos la recibieron a través de sus propios padres. Estos de los suyos y así de generación en generación vemos como nuestro árbol genealógico es cada vez más y más grande. Está conformado por multitud de parejas que a la vez fueron creadas por parejas anteriores estableciendo una red que se pierde en la memoria de los tiempos. Llegando hasta una frontera invisible donde sus raíces se expanden hasta el infinito abarcando a toda la humanidad. Y cuando nos sentimos ligados a esta gran familia que se ensancha sin limites atrás en el tiempo,  comprendemos por fin ese mensaje común en todas las grandes tradiciones diciendo que todos los seres humanos somos hermanos.

Así, al sentirnos pertenecer a nuestro árbol genealógico, nos damos cuenta que pertenecemos al mundo. La familia debería  transmitir que el  mundo no es un lugar hostil al cual hay que temer. Tendría que proveer la suficiente confianza en uno mismo para realizarse dentro de él. Es en el  seno de nuestra familia donde aprendemos a confiar en los demás, porque aprender a confiar en los demás es aprender a confiar en uno mismo. En nuestro árbol genealógico compartimos un mismo territorio común con todos nuestro parientes. Este territorio desde que nos acoge nos concede un espacio de protección y de seguridad donde poder más tarde confiar y sentirse seguros fuera de él. Aprender a compartir y a resolverse eficazmente en el mundo. Pertenecer es sentirse vinculado a un lugar, a un territorio, disponer de un espacio seguro donde descansar sintiéndose protegido.

Si hemos nacido en el seno de una familia que ha sabido incluir a todos sus miembros y compartir entre ellos tanto los éxitos como los fracasos, las alegrías y las penas sentimos la fuerza de un gran equipo capaz de apoyarse en los momentos difíciles y celebrar en los momentos  de gozo. Cuando nos sentimos pertenecer a todo nuestro árbol genealógico, el mundo se nos presenta como un lugar amable en el que podemos estar ya que se nos ha enseñado a convivir antes en armonía en nuestro pequeño mundo familiar.  Sin embargo si se me ha transmitido que mi árbol genealógico es un territorio del cual desconfiar, donde hay ramas peligrosas o podridas donde es mejor no subirse entonces empezaré a desconfiar de los demás y a tenerles miedo. Crearé fronteras a mi alrededor para protegerme de un territorio que temo que me destruya y acabaré sospechando del mundo que me rodea volviéndome desconfiado, uraño y más bien solitario.

El árbol genealógico nos concede un territorio determinado dentro de su estructura.
Desde que llegamos al mundo el lugar en la fratría condiciona nuestra relación con el territorio genealógico ya que muchas veces los padres establecen inconcientemente roles específicos para cada hijo. Nuestra situación respecto a nuestros padres es distinta si somos primogénitos, segundos, terceros, séptimos o únicos ya que el orden de nacimiento reparte y organiza espacios, despierta preferencias e inclinaciones adjudicando funciones distintas e historias particulares para cada hijo. El lugar que ocupamos respecto a nuestros hermanos es determinante para nuestra capacidad de establecer y compartir el propio territorio con los demás. Muchas veces la relación fraternal que se establece va a ir transmitiéndose de generación en generación. Al tener una persona hijos, vera reflejada en ellos su propia relación fraterna y de forma inconciente se inclinará a tener pactos secretos y lazos invisibles con los hijos que ocupen su mismo lugar filial.

Por ejemplo: Pedro siendo el segundo y último hermano ha mantenido una relación conflictiva y tensa en relación con su hermano mayor. Sintiendo que este ha sido preferido por sus padres, él se ha visto desatendido y desvalorizado, sintiendo haber tenido que ceder la prioridad de su espacio vital tanto físico como afectivo a su hermano mayor. Al correr el tiempo, una vez Pedro ya es adulto, revive la relación conflictiva que mantuvo con su hermano después de nacer su primer hijo. Sin saberlo su conflicto fraterno se reactualiza identificándo inconcientemente a su hijo con su hermano. Pedro se encuentra ahora con que siente celos de su hijo y  sin saberlo se  pone a competir con él. Cree que su hijo recibe una atención desmesurada que lo deja al margen (siente que su hijo le usurpa el territorio). Pedro, sin darse cuenta, asume con su hijo una actitud parecida a la que tuvo con su hermano ya que su hijo al ser el primogénito pertenece al mismo lugar en la fratria que su hermano. Pedro de forma inconciente pierde de vista su papel de padre y pasa a situarse frente a su hijo en un lugar que no le corresponde. Es decir, de algún modo es como si confundiese a su hijo con su hermano.

Más adelante en el tiempo, Pedro y su esposa tienen su segundo hijo. En ese momento Pedro se identifica inmediatamente con él. Su segundo hijo al pertenecer al segundo lugar en la fratría como él, despiertan  en el padre un fuerte vínculo y afinidad que lo convierten en su preferido. Como resultado de este movimiento el padre pasa a percibir a su primer hijo como un peligro para el segundo, posicionándose a favor y en defensa de este. Al aliarse con él inconcientemente no hace diferencia entre él y su hijo. Él es su hijo y a través suyo cree revertir y equilibrar la situación injusta que vivió en la infancia. Sebastián, el hijo preferido de Pedro. acude ahora al terapeuta al sentir un extraño rechazo hacia su primer hijo que acaba de nacer y es entonces cuando detectamos el efecto de una dificultad que se remonta tres generaciones atrás.

Las posiciones filiales pueden considerarse roles que se pueden heredar y que de una generación a otra ocupan dentro de las familias un cierto propósito que cumplir. Generalmente este propósito tiene como finalidad resolver alguna dificultad o conflicto que ya estaba latente en la generación anterior y poder restaurar el equilibrio. Hay que prestar atención a cuales son los roles que van tomando el relevo de generación en generación en el árbol genealógico, repitiéndose algunos para perpetuar cierta estabilidad y bienestar y cuales para intentar reparar y dar solución a conflictos irresueltos.

Si seguimos tomando como ejemplo el caso anterior nos encontramos que Pedro se vio envuelto en  un conflicto con su hermano mayor que hizo que su relación se mantuviese distante y tensa. Más adelante cuando Pedro tiene hijos, todo su pasado afectivo fraterno se reactualiza. Sin darse cuenta inconcientemente se alía con su segundo hijo, segundo en la fratría como él, ocupándosede que este reciba el lugar y los cuidados que él sintió no haber recibido en su infancia. Pedro revierte su situación fraterna a través de sus hijos, percibiendo al primero como un peligro para el segundo y procurando para este más atención y cuidados. Sin percatarse, está aportando una solución a su propio conflicto a través de sus hijos. Inconcientemente se pone a reparar su pasado pero sin darse cuenta que lo que hace está fuera de lugar y que además  genera en sus hijos un estado de rivalidad parecido al que él sufrió. Creyendo poner remedio a  su pasado, en vez de solucionarlo crea un conflicto parecido en la generación de sus hijos. Es ahora su primer hijo quien se siente injustamente desplazado y desatendido frente a un hermano menor idealizado y sobreprotegido por su padre.

Si profundizamos aún más en este caso nos damos cuenta que en el fondo Pedro, siendo el hijo menor, se cree desatendido y descuidado por sus padres en beneficio de su hermano. Los celos son pues justificados y esto es algo muy corriente en una etapa precisa de la infancia que más tarde acostumbra a superarse con el tiempo. Sin embargo hay padres que por diversas circunstancias, alimentan en demasía la preferencia hacia uno de sus hijos y la situación de litigio y lucha entre hermanos se instaura perpetuamente, incluso a veces sin la necesidad de hacer mucho ruido.

Inconcientemente los padres delimitan un territorio para cada hijo. Para establecer el espacio se basarán, de forma inconciente, en distintos criterios como por ejemplo el orden en el nacimiento, el sexo de cada hijo o su salud. Distribuirán el territorio de sus hijos de tal manera que no todos dispondrán del mismo espacio. Se establecen fronteras explícitas o no, que aparentemente benefician a unos y  perjudican a otros. No hay ninguna posición más o menos favorable y cualquier lugar que se ocupe en la fratría tiene ventajas e inconvenientes condicionando de algún modo su percepción vital y territorialLas experiencias que ha vivido una persona en relación con sus hermanos marca profundamente su personalidad y su relación con el territorio tanto físico como afectivo. La forma en que haya tenido que compartir su infancia con sus hermanos va a establecer su modo de relacionarse con los demás en el futuro, determinando muy posiblemente también la relación con sus hijos. Examinar la propia experiencia vivida entorno nuestra relación con la fratría ayuda a poder comprendernos mejor y a cambiar formas de relacionarnos con nosotros mismos y los demás que muchas veces no son más que el reflejo de experiencia vividas de un pasado que no logramos integrar.

NOTA: © Todos los textos son propiedad de su autor.
Pueden ser difundidos previo aviso y citando siempre la fuente, web y el autor.

El universo inconciente dentro del tiempo y el espacio genealógicos.

por Alberto S. Arenales.    08/ 06/ 2009 
                        

En la naturaleza el tiempo y el espacio tal como nosotros lo entendemos no existen. Regularlos, medirlos y tratar de acotarlos es un invento humano. Para nuestra dimensión inconciente, el tiempo y el espacio no existen. El árbol genealógico, si tomamos el espacio como punto de partida, es en este sentido un sistema irracional que funciona como un todo. No distingue entre sus integrantes, es decir que no distingue entre una generación y otra, todas son una. No existe un espacio diferenciado entre ellas, en nuestro interior, en nuestro universo psíquico profundo cohabitan y existen a la vez nuestra tía, nuestro padre, el bisabuelo, la hermana y toda la familia unida.

Del mismo modo el tiempo tampoco rige en absoluto la dimensión inconciente de nuestra genealogía. Para ésta el pasado, el presente y el futuro no tienen ningún sentido. No hay ninguna diferencia entre lo que sucede en las distintas generaciones. El tiempo tal como nosotros lo concebimos, mesurable y diferencial, desaparece en un solo tiempo presente. El pasado genealógico que nos precede se funde con el presente sin hacer distinción entre las generaciones de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, etc… Las dificultades no resueltas en generaciones pasadas perviven en la nuestra del mismo modo que las virtudes y habilidades adquiridas tiempo atrás. En este sentido, solo existe un cuerpo y tiempo generacional unido e indiferenciado. Cada uno es a la vez toda su familia. En otras palabras, si para nuestra dimensión inconciente el tiempo y el espacio no existen entonces no hay diferencia entre una generación y la siguiente.

La parte positiva y beneficiosa de esta indiferenciación es inmensa ya que gracias a ella de padres a hijos transita cierta información profunda que va más allá de lo meramente racional y comparte recursos y habilidades que se han ido transfiriendo de generación en generación. Al estar de este modo interconectados, somos herederos de un enorme caudal de aprendizajes. Los vínculos y roles que aportan estabilidad, salud y fuerza al árbol genealógico se afianzan e integran a cada generación, perpetuándolos con el fin de evolucionar y crecer. En las sagradas escrituras ya se hace eco de algo parecido cuando nos sugiere en el Deuteronomio que castigará la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación aunque el bien dispensado será bendecido a lo largo de mil generaciones.

El árbol genealógico del mismo modo que todo ser vivo, que todo organismo, se regula y equilibra constantemente. Cualquier persona ante una contrariedad o tropiezo en la vida intentará ponerle remedio, buscara soluciones y procurará salir del bache lo mejor posible. El inconciente familiar ante las dificultades opera del mismo modo, intentará por todos los medios solucionarlas, ponerle remedio, corregirlas. Ahora bien, si como decía antes, para el inconciente familiar el espacio y el tiempo no existen, nos encontramos con que los conflictos no resueltos en una generación son asumidos por las generaciones siguientes que las sienten como propias, ocupando la misión de solucionarlas.

Es importante destacar aquí no sólo que la generación que se encarga de los temas pendientes no cae en la cuenta que estos pertenecen a una generación precedente ocupándose de los conflictos del pasado sin saberlo, sino también que muchas de las veces sigue utilizando las mismas vías de solución que fueron puestas en práctica en el pretérito. Esto se convierte en un dilema porque en realidad, esas soluciones ya no son efectivas y el intento de repararlas se convierte entonces en obstáculo. De aquí cabe subrayar que los conflictos del presente no son más que soluciones fallidas o interrumpidas en el pasado. Soluciones caducas que aunque no funcionan son portadoras de una intención y función positiva y reparadora.

Por ejemplo una actitud limitadora como podría ser el miedo irracional a las alturas tiene como función positiva y benéfica el proteger a la persona de caerse y hacerse daño. En tal caso, en el contexto psicogenealógico en el que estamos, si no se encuentra justificación a este miedo en la biografía de esa persona, cabe la posibilidad de preguntarnos si esta reacción, aparentemente irracional y sin fundamento, encuentre su sentido en la vivencia traumática de un antepasado: este mismo o uno de sus seres queridos murió al caerse de un octavo piso. Es decir que el intento de solución de una generación pasada ante un conflicto (en este caso alejarse de las alturas), ahora siguen actuando fuera de su contexto creando dificultades en vez de alivio.

Descubrir su verdadero origen, la intención positiva y la función protectora que ocultan las dificultades que a día de hoy se presentan repetidamente de generación en generación es fundamental para disolverlas. Existen roles que se suceden de generación en generación para perpetuar cierta estabilidad y bienestar y otros que se repiten para intentar reparar y dar solución a conflictos irresueltos. Muchos de estos intentos de solución fallidos desencadenan angustias, limitaciones, miedos irracionales, traumas, fracasos e incluso enfermedades que pueden considerase roles heredados y que de una generación a otra ocupan dentro de las familias un cierto propósito que cumplir. Como apuntábamos antes, generalmente este propósito tiene como finalidad resolver alguna dificultad o conflicto que ya estaba latente en generaciones anteriores. Descubrir cual es la intención positiva de todo conflicto que nos limita es la llave para poder disolverlo.

NOTA: © Todos los textos son propiedad de su autor.
Pueden ser difundidos previo aviso y citando siempre la fuente, web y el autor.